Julito era un niño de doce años que vivía con sus abuelos
más tiempo que con sus padres. Mostraba ser muy inteligente y a veces
sorprendía a su abuelo con preguntas sobre temas que no iban acorde con su edad
«Esos chispazos del muchacho tienen que ser herencia mía, porque del papá,
pocón pocón» pensaba el abuelo.
-¿Abuelo, es verdad que solucionar crucigramas nos instruye?
-No, no es cierto.
-¿Por qué? Mi abuela dice que sí.
-Mijo, porque si tú lo solucionas es porque sabes las
respuestas ¿Entonces, qué te va a enseñar?
-Y para qué lo hacen ¿Para perder el tiempo?
-No mijo, ya nosotros no tenemos ni eso para perder, más
bien lo hacemos para matar el tiempo antes que él nos mate a nosotros.
-¿Y por qué no lees los muñequitos?
Don Pedro puso el periódico a un lado, sentó a su nieto en
las rodillas y se recostó en su mecedora.
-Cuando yo tenía tu edad le llamábamos tiras cómicas. Los
domingos cuando llegaba el periódico literalmente lo descuartizábamos. Mi padre
cogía la primera sección para leer las noticias y los comentarios políticos; mi
madre se apoderaba de la sección de sociales, mi hermano de la sección
deportiva, mi hermana del horóscopo y yo
de las tiras cómicas, las cuales leía con suma avidez. Leí tantas que ya casi
no les encuentro gracia.
-Yo también abuelo –interrumpió Julito- y la verdad tampoco
les encuentro gracia. Las bacanas son las de ahora, las de japoneses con
cabellos de estrellas ¿Abuelo, tú por qué le tienes rabia?
-Vamos por parte Julito. En primer lugar, yo no les tengo
rabia. Sencillamente no estoy de acuerdo con sus mensajes que se refieren a
matazón, destrucción de ciudades y la obsesión de un loco por apoderarse del
mundo. Y en segundo lugar, te he dicho varias veces que no me interrumpas
cuando estoy cogiendo vuelo porque tú sabes que se me olvidan las cosas.
El nieto hizo una mueca, sabía que tenía que aguantarse un
buen rato escuchando las remembranzas de su abuelo.
-Como te venía diciendo… ¿De qué estaba hablando?
-Del periódico, abuelo. De cuando tú eras niño.
-¡Ah, ya! Cuando era un joven atlético… –Julito trató de
voltearse para ver el abdomen de su abuelo, pero éste adivinó su intención y lo
bloqueó con el codo - …porque también fui joven, lo primero que leía del
periódico era la sección deportiva y la cartelera de cine; y como ya molestaba
a las chicas, también leía el horóscopo para ver qué me decían las estrellas.
-O sea que esos embustes son bastante viejos, porque el
profesor dice que el horóscopo es pura mentiras.
-Si lo de viejo lo dices por mí, pelaste, porque el horóscopo
es tan viejo como la humanidad. Cuando ya entré en la edad adulta, mi sección
favorita era los editoriales y las noticias en general.
-Y ahora abuelo, te gusta solo los crucigramas pero llenas
tres palabras y te pones a dormir.
-¡Que no estoy durmiendo carajo!... Estoy pensando en la
palabra correcta.
-¿Con la boca abierta y roncando, abuelo?
El manotón del abuelo abanicó la brisa porque el nieto salió
en veloz carrera.
-¡Condenado muchacho, por aquí tienes que volver!
Rato después don Pedro tomó el control remoto, encendió el
televisor, se reclinó en su mecedora y se dispuso a ver televisión.
-¡Julito! Ya viene el noticiero.
-¡Ya voy, abuelo!
-¡Julito Ya!
El chico llegó corriendo y se sentó sobre una rodilla del
abuelo. Él se corrió hacia adelante para darle espacio al nieto, también hacia
un lado para sacar el glúteo del hueco de la vieja mecedora, se arrellanó y el
chico se acomodó sobre el voluminoso vientre. En un comercial el muchacho
aprovechó para preguntar.
-¿Abuelo, entonces es un delito encontrarse unas canecas
repletas de billetes y quedárselos?
-Analicemos el asunto mijo, si es que se ha dicho todo y si
es que todo lo dicho es verdad. Nuestra moneda es el peso y esos billetes son
dólares. Las divisas extranjeras que circulan en nuestro país son autorizadas
por el gobierno y si entran de cualquier otra forma son ilegales. Supuestamente
ese dinero es del narcotráfico o de la guerrilla.
-¿Abuelo, y por qué ellos no dicen nada?
-Porque no les conviene. Si ese dinero fuera del gobierno
¿Cómo justificarían esa acción con tantos problemas económicos que tiene el
país, de dónde salió ese dinero, quiénes se lo querían robar? El narcotráfico
tampoco dice nada porque ¿si ya el dinero se perdió, para qué echarse otro
delito encima? La guerrilla guarda silencio y aparentemente son los más seguros
dueños de ese dinero porque se encontró en territorio dominado por ellos. Pero
se callan porque políticamente no les conviene reclamar eso ¿De dónde habrían
sacado ese dinero, de la droga o del secuestro?
El noticiero pasó a las noticias internacionales e
informaban sobre las manifestaciones en contra del TLC.
-¿Abuelo, qué tiene de malo comprarle y venderle a Estados
Unidos?
-Mijo, ese tema del Tratado de libre Comercio con USA es un
tema muy espinoso. Verás, varias veces hemos escuchado denuncias sobre los
medicamentos que se venden en Colombia, de que son chimbos y caros. Es cierto
que no causan males pero tampoco curan y las exhaustivas investigaciones que
anuncia el gobierno quedan en nada y todo sigue igual. De manera que bajo el
TLC todo enfermo comprará drogas gringas, más baratas o al mismo precio pero
más seguras ¿Quién se perjudica aquí? El productor de las drogas chimbas.
Ahora, un laboratorio nacional que hace buenas drogas y a precios justos no tendría
por qué temer al TLC.
-Abuelo, ya vienen los deportes.
-Entonces es hora de irme a la cama.
-Espera abuelo. Quizás digan el nombre del nuevo técnico de
nuestro equipo.
-Para qué, si sabemos que es el penúltimo que repite. Cuando
terminen los deportes apagas y te vas a acostar, mañana tienes clases.
-Está bien abuelo. Hasta mañana.
Al día siguiente.
-¿Abuelo, es cierto que la plata llama plata?
-Claro, mijo. Y la pobreza llama más pobreza.
-¿Cómo así abuelo?
-Mijo, sencillo. Si tú tienes plata y se te presenta un
negocio, lo realizas y lo más seguro es que te ganes un dinero extra. Pero si
no tienes plata y te gastas lo poquito que tienes aunque sea en comida, al día
siguiente tienes menos plata y la misma hambre.
Así eran los constantes diálogos entre el abuelo y el nieto
todos los días. En cada respuesta el anciano procuraba ilustrar al chico,
aunque a veces dejaba entrever su criterio y en otras sus amarguras.
En el curso de Julito el profesor dispuso hacer un trabajo a
cada alumno. Se debía presentar un problema de cualquier índole: social,
político, económico, deportivo o
cultural. Había que investigar el problema y presentar soluciones.
-Está bien –dijo el abuelo- escoge el tema y trataré de
ayudarte.
-Ya lo hice, abuelo. Escogí el asunto político porque creo
que ahí me puedes ayudar muy bien. Como tú siempre te quejas de la forma como
se hacen las cosas en este país, de la inseguridad, de la corrupción, de la
incultura de la gente, etc. Quiero que tú representes al personaje que va a
arreglar al país como jefe de estado y yo soy el periodista que te entrevista
para conocer tu programa de gobierno ¿Qué te parece?
-Honor que me haces.
Y así nieto y abuelo se pusieron de acuerdo para representar
a sus personajes.
-Abuelo, háblame de las fuerzas militares. ¿Qué harás con
ellas cuando estés en el poder?
-Ejem… es una empresa difícil pero se puede hacer. En el
ejército, por ejemplo, bajaré el pie de fuerza.
-Pero abuelo ¿No se necesitan para defender la patria?
-¡Que defender la patria ni que ocho cuarto! Eso de renovar
las armas porque ya fulanito compró nuevos aviones y nos van a invadir es un
cuento chino.
-¿Entonces, tú crees que son muchos?
-Claro que sí ¿Acaso no vemos en las noticias que a cada
rato se enfrentan las patrullas entre si con resultado de varios soldados
muertos? ¿No los vemos también en los estudios de televisión ocupando las
sillas del público como en los cuenta chistes?
Les limitaré la edad para ejercer hasta los 50 años, así les
quedarán a estos oficiales unos 20 años para que trabajen de verdad y sepan
cómo es eso rebuscarse la vida.
-¿Abuelo, qué harás con la marina?
-Buena pregunta mijo, ahí si hay tela de donde cortar. Hay
mucha gente allí usufructuando del erario. Los viajes del velero Gloria son una
vanidad muy costosa y a la larga ¿Para qué sirven? Si esos chicos interioranos
quieren conocer los mares del mundo que se lo costeen de sus bolsillos. Además,
ese barquito nos ha metido varias veces en problemas por asuntos de drogas como
lo hemos visto en las noticias.
-¿Abuelo, y la fuerza aérea?
-Esa sí que la acabamos. Dicen que son aéreas y sólo la
vemos cuando desfilan en Bogotá. Esa entidad la fusionaré con la marina. Con la
base de Coveñas, la de Cartagena, la de San Andrés y otra en La Guajira, todas
equipadas con radares, será suficiente para vigilar la costa Caribe para que no
nos roben nuestros recursos marinos. Dos bases más en el Pacífico, una en
Amazona y la otra en Arauca para vigilar los ríos y fronteras. Cada base con
lanchas rápidas, un avión de caza y helicópteros para transportar una patrulla
en caso de emergencia.
-¿Abuelo, y cómo hacemos en caso de conflicto si tú has
eliminado la mitad de las fuerzas armadas?
-¡Cuál conflicto mijo! ¿Con quién? ¿Tú crees que los
venezolanos van a ser tan pendejos de meterse en esta vaca loca, buscando que
este poco de corruptos y revoltosos se vaya para allá? Si nos invaden los
gringos ¿Qué tiene de malo? Chévere. Puerto rico está bien, los panameños no
protestan y los Hawaianos son felices bailando hula hula para los gringos.
-Pero abuelo, tú echas pa’lante y echas pa’tras. A veces
dices que no gustas de los gringos y mira con lo que sales ahora.
-Bueno mijo, jalándole al respetico. No olvides que tengo el
poder.
-Sí, pero recuerda que yo soy tu nieto.
-Bueno, te perdono tu insolencia y te contesto con un
cuento. Había un tipo que era muy bueno narrando deportes: fútbol, béisbol,
basquetbol, boxeo y hasta ciclismo. Pero después se puso a opinar sobre deporte
y civismo y ahí si era malísimo, tan malo que se metió a político. Había
también una compañía que siempre le ganaba los contratos de transmisión y él
hablaba pestes de dicha compañía. Un tiempo después la compañía lo contrató y
entonces soltó esta perla: “la rosca no es mala, lo malo es estar fuera de la
rosca”.
Lo que te quiero decir es que si los gringos nos invaden les
endosaríamos una cantidad de problemas, empezando por el narcotráfico. Los
vendedores de rosas de Medellín no tendrían que estar suplicando aranceles
preferenciales, las empresas aéreas nacionales tendrían menos restricciones, el
gobierno no tendría que esperar que lo certificaran y cualquiera se podría
largar para allá con más facilidad.
-Abuelo, no te veo bien de patriotismo.
-Y tienes razón, mijo. Pero es que aquí nunca ha existido
eso. Somos un país de regiones y aunque un montón de gente opine lo contrario,
somos muy, muy diferentes. Y la región que ostenta el poder no respeta a las
demás regiones y así nunca habrá nacionalismo. Por eso se separó Venezuela y
Ecuador. Por eso perdimos a Panamá. Mira
el caso de San Andrés. Nunca quisieron prestarle ayuda a ese pueblo, al nativo.
En el interior pensaron que era mejor colonizarlo. Una vez leí con tristeza el
comentario de un gran personaje costeño, Cordobés, sobre el asunto de La
República Independiente del Caribe. Decía que en esas condiciones el interior
del país sería como una Bolivia y que la costa sería una Haití. La pregunta es:
¿a esa “Bolivia” si le importaría esa “Haití”?
Cuando esté en el poder recortaré el himno nacional, sólo
dejaré el coro y las dos primeras estrofas. Primero, para que todo mundo se lo
aprenda y segundo, porque lo demás nos recuerdan hechos de sangre y de eso
estamos hasta la coronilla. El escudo lo desparezco de una; eso no significa
nada, aquí no vivimos una época medieval y lo único que eso nos recuerda es que
la clase política del país siempre ha sido así, de espalda a los intereses del
pueblo pero sí de frente a sus intereses personales dejándose comprar al mejor
postor. Si a los panameños les interesa ese escudo se lo cedemos, eso lo
representa más a ellos que a nosotros.
En cuanto a la bandera, esa sí representa a una nación. Pero
no esa sino otra, porque esa bandera no la propuso un colombiano sino un
venezolano y no la aprobó el gobierno nuestro sino un simple secretario de
gobierno de USA. Pero si nos dice mucho esos colores, los conservaré en la
misma proporción pero formando un círculo dentro de un rectángulo blanco. Oye,
es que cuando Colombia juega contra Venezuela o Ecuador, en los estadios no se
sabe quién es quién.
-Abuelo… cálmate, cálmate. Dime, cuando estés en el poder
¿Qué harás con la policía?
-Quitarle el uniforme y los grados a los oficiales; porque
ese poco de charreteras, medallas y estrellas los enferman. Ellos no son
militares, son un cuerpo de vigilancia y prevención de delitos contra la
comunidad. Así que se hablará de Director nacional, Director local en el
personal administrativo y se identificarán con el nombre de pila. Los agentes
rasos seguirán igual, con su uniforme y aditamentos de servicio: arma, pito,
lámpara, bastón de mando y radio.
Reglamentaré y controlaré las agencias de vigilancia
privada. Ese cuentecito de que los exmilitares son los más inteligentes y aptos
para todo es muy discutible. En esas entidades como en las bolsas de empleos hay
muchas cosas para poner en orden.
-Abuelo, ya estoy cansado y tengo sueño. Para terminar por
hoy ¿Qué harás con los agentes de tránsito?
-Ay, mijo. Con ellos sí me toca inaugurar el paredón.
Al día siguiente Julito continuó con la entrevista a su abuelo.
-Abuelo, apenas me quedan tres días para presentar el
trabajo. Hoy quiero que me hables de los jueces ¿Qué harás con ellos?
- Ellos son bastante responsables de la descomposición de
este país, unas veces por cobardía y otras por corrupción. Les mejoraré las
condiciones de trabajo. Después de darles una buena oficina y sistematizarles
el trabajo, les colocaré un cuerpo de vigilancia como la GESTAPO nazi y al que
se pillen en corruptela irá al paredón, a esos no hay que darles tiempo para
que se defiendan. Trabajarán horario estricto de ocho horas de lunes a viernes.
Cada caso registrado llevará una ficha numerada y los que se van a tratar en la
semana se publicarán en cartelera ocho días antes. Así evitaremos que embolaten
los turnos y alarguen los casos. Si el juez no atiende hoy, los casos se
rodarán un día sucesivamente, no como ahora que si no trabajan hoy, los casos
se aplazan dos o tres meses.
-¿Abuelo, y la gente del gobierno, los empleados públicos?
-Bueno mijo, eso sí es complicado pero se puede aligerar
mandando construir un paredón en cada capital departamental. Los gobernadores y
alcaldes deberán empezar a ejecutar sus programas de gobierno a los treinta
días de posesionarse o serán destituidos. Los senadores, diputados y concejales
sólo podrán ejercer por tres períodos consecutivos nada más y los hijos o
parientes hasta el segundo grado de consanguinidad no podrán sucederle
inmediatamente. El ausentismo en los cuerpos legislativos será un gravísimo
delito y ese cuento de que el fin de semana comienza el jueves por la tarde y
termina el lunes al medio día se acabará. A los expresidentes les estará
prohibido opinar de política en público. Si no pudieron arreglar el país cuando
tuvieron la oportunidad, no tienen por qué hablar después.
-¿Abuelo… y qué opinas de los maestros? Porque yo te
indicaría unos cuantos que lo mejor que hacen es poner tareas. Ellos no
explican, todo es investiguen, investiguen. Y la prefecta de disciplina te la
recomiendo como directora de tu GESTAPO, esa vieja es tronco de sapa y se la
pasa castigando y sancionando.
-¿Y está buena?
-Qué va abuelo, si le decimos Alfredo porque también tiene
cara de choque.
-La tendré en cuenta. Quiero decirte mijo, que si un país
quiere progresar debe tener muy bien cimentados sus finanzas y su sistema
educativo. Por eso en mi gobierno el ministerio de Educación será uno de los
privilegiados, el maestro tendrá un sueldo decente como cualquier profesional y
de acuerdo con su escalafón y el pago será puntual.
-¿Con qué plata abuelo, si para ellos nunca hay?
-¿Mijo, no quedamos en que las fuerzas armadas se reducirán
a la mitad? Pues hecho eso, al gobierno le sobraría plata para todo. En fin,
los maestros vivirán muy bien, pero como todo trabajador colombiano cumplirá
exactamente con su jornada de trabajo, porque tendrá en su nuca una mira
telescópica permanentemente. En ese gremio hay una cantidad de irregularidades
que hay que cortar tajante y definitivamente. Por ejemplo, el maestro irá a
cobrar su sueldo cuando termine su jornada de trabajo y las asambleas y cursos
de capacitación serán los fines de semana cuando están descansando.
-Abuelo, tú me contabas que cuando salías a trabajar a veces
te tocaba caminar todo un día para ir de un lugar a otro de una misma finca,
las cuales eran tan grandes como un municipio o medio departamento ¿Qué harás
con esos terratenientes?
-Sí, esas haciendas eran tan grandes que a veces los dueños
no sabían dónde terminaban sus límites. Ellos se pasaron por la faja las
reformas agrarias, fíjate que en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, por
allá por el año de 1.966, la tierra que ellos entregaron al Incora era la que
se había empobrecido, que ya no producía. Esa era la tierra que recibía el
campesino parcelero, que por más que se fregaba la espalda trabajándola recogía
una malísima cosecha, luego salía el terrateniente a decir que esos tipos eran
unos flojos, que había que quitarles dichas tierras. Pues ahora será al revés,
esos terratenientes sólo tendrán la tierra que puedan trabajar.
-¿Abuelo, cómo solucionarás el problema de la guerrilla?
-¡Ah, ese es el más fácil de los problemas! Esos tipos lo
que tienen es plata y arreglado como tenemos al gobierno ya no tendrán
necesidad de estar en el monte. Todos los mandos medios y soldados rasos podrán
integrarse a la sociedad sin ningún problema, pero la cúpula tendrá que rendir
cuentas, en un proceso sencillo: Uno, ellos entregan el billete, de eso se les
devuelve a cada quién un porcentaje y podrán vivir cómodamente. Dos, si no hay
billete, entonces tendrán que pagar cárcel durante 10 años. En cualquiera de
los dos casos no podrán salir del país, no podrán tener ninguna clase de
bienes, a excepción de un vehículo y una casa de habitación de clase media; no
podrán hacer ningún negocio que les reporte ganancias significativas. Sus hijos
y nietos tampoco podrán salir del país, ni recibir bienes por herencia ni
reclamar premios o loterías.
-Abuelo, ya arreglaste a las fuerzas militares, al poder
judicial, al ejecutivo, al legislativo, a los políticos, al magisterio ¿Dime,
qué harás con el pueblo?
-Mijo, estoy seguro que llegarás a ser un buen periodista
porque siempre haces preguntas de vital importancia. Qué haré con el
pueblo…humm, esa es la parte más difícil de mi gobierno y también la más
triste. Yo siempre he dicho que al niño se le educa, pero al adulto hay que
someterlo, por aquello de que el loro viejo no da la pata. Infortunadamente
este pueblo tiene 500 años de resentimiento y 500 años de aprendizaje de todo
lo malo porque ya lo traemos en la médula espinal. Así que para erradicar eso
necesito dos generaciones. Las generaciones actuales entre los 15 y 20 años son
los que más van a sufrir y a “llevar del bulto” porque les será difícil
someterse al sistema y por eso es que hay que aplicar el paredón, no hay otra forma.
-¿Abuelo, pero ya tú no habías arreglado todo eso?
-No mijo, lo tengo todo listo y a punto, que es diferente.
-Pues ahora si no entiendo.
-Verás, mijo. Es muy difícil conseguir que un juez, o un
magistrado, o los abogados no coman del negocio que están dirimiendo. Es muy
difícil conseguir que el policía no acepte soborno o que valiéndose de su
autoridad no cometa abusos. Es difícil conseguir que un funcionario público no
acepte soborno para adjudicar un contrato o que el contratista entregue su propuesta
sin acompañarle del soborno. Es muy difícil conseguir que el político no
recurra a sus influencias para conseguir un contrato o nombramiento para un
familiar o seguidor de él.
-Abuelo, cálmate un poco. Recuerda que hay honrosas
excepciones.
-Sí, mijo. Tienes razón, desgraciadamente hay honrosas
excepciones.
-¿Desgraciadamente?
-Así como lo oyes. Esas personas son trébol de cuatro hojas.
Cuando te toque ventilar un problema o un negocio jamás caerás en una oficina
de esas. Yo creo que el primer corrupto fue el que inventó esa frase. Ese tipo
debió ser muy inteligente.
-Bien abuelo, eso es todo. Creo que hemos arreglado este
país.
-¡Espera, espera! Creo que falta lo más importante, mi
discurso de posesión. Todo mandatario que se respete debe hacerlo.
-Abuelo, recuerda: honrosas excepciones.
-¡Carajo con este muchacho y su memoria!
Al día siguiente el abuelo estaba a la expectativa, ansioso
del regreso del nieto del colegio.
-¡Buenas! ¡abuelo, abuela ya llegué!
-¿Cómo te fue con el trabajo?
-Tranquilo abuelo. Apenas lo entregué, mañana sabré cómo me
fue.
Ese otro día.
-Hoy sí ¿Cómo te fue?
-Mal, abuelo. El profesor me rechazó el trabajo.
-¡Cómo así, cuál es la razón! –Interrumpió el abuelo
bastante alterado.
-Pedro… -Dijo la abuela haciéndole una indicación de que se
serenara.
-El profesor me dijo que la propuesta era buscar un
problema, estudiarlo, investigarlo y presentar soluciones. Que mi trabajo no
era más que una opinión personal.
-¡Y quién carajo se cree ese maestrito! ¿Acaso 73 años de
supervivencia en este país no son insuficientes para él?
Don Pedro se dejó caer en su mecedora visiblemente alterado.
-Está bien, Julito. Vete a jugar mijo que eso lo arreglamos
después –Dijo la abuela.
Tan pronto salió el chico fue al botiquín por una pastilla y
un vaso de agua que ofreció a don Pedro.
Ese otro día.
-Abuela, ya me voy para el colegio ¿Por qué mi abuelo no se
ha levantado?
-Porque no se siente bien Julito. No te preocupes, es un
disgusto pasajero.
En el colegio el muchacho se dirigió al profesor.
-Profe, mi abuelo se disgustó mucho por el asunto del
trabajo, tanto que no amaneció bien y si mal no recuerdo, usted incluyó entre
las opciones el aspecto político.
-Está bien, Julito. Entrégame ese trabajo para analizarlo
más detenidamente.
Cuando Julito llegó a su casa alcanzó a ver a los
paramédicos que abordaban la ambulancia estacionada al frente y corrió hacia la
abuela.
-¿Abuela, qué le pasó a mi abuelo? – Interrogó con agitación
a la abuela que estaba sentada en su silla
-Cálmate mijo, ya está bien, afortunadamente.
El chico se arrodilló frente a su abuela y buscó refugio
entre las faldas, sollozando.
-Es mi culpa abuela, es mi culpa. Debí escoger otro tema
para el trabajo.
-No mijo, no es tu culpa. No es culpa de nadie. O mejor, sí,
es culpa de todos. Es difícil vivir en este país y no saturar el corazón con
tantos resentimientos.
FIN
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